El Banco de México mantuvo su tasa de interés de referencia en 9.5% por segunda reunión consecutiva, pero en un comunicado inusualmente detallado anticipó que las condiciones para iniciar recortes graduales podrían presentarse en el segundo semestre del año. La decisión era ampliamente esperada por los mercados financieros, que habían descontado una pausa en el ciclo de alzas desde enero.
La decisión fue unánime entre los cinco miembros de la Junta de Gobierno, quienes destacaron la convergencia de la inflación hacia el objetivo del 3% y la estabilidad del tipo de cambio como factores favorables. Sin embargo, también advirtieron sobre riesgos al alza, incluyendo presiones salariales derivadas de los incrementos al salario mínimo y la incertidumbre geopolítica global, particularmente las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China.
El mercado reaccionó de manera positiva: el rendimiento del bono gubernamental a 10 años cayó 15 puntos base y el peso se fortaleció a 16.38 por dólar. Economistas de Goldman Sachs y JP Morgan anticipan que el primer recorte podría ocurrir en la reunión de agosto, con una reducción de 25 puntos base. De confirmarse este escenario, México iniciaría su ciclo de relajación monetaria antes que Brasil, donde el banco central mantiene su tasa en 13.75%.
La política monetaria restrictiva ha tenido efectos mixtos en la economía real. Mientras que la inflación se ha moderado significativamente, el crédito al sector privado creció apenas un 2.1% en términos reales durante 2025, muy por debajo de las expectativas. Las pequeñas y medianas empresas han sido las más afectadas por las altas tasas, con un incremento del 18% en la morosidad de créditos comerciales según datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores.