El Índice Nacional de Precios al Consumidor registró un incremento interanual de 3.8% en febrero, por debajo del objetivo del Banco de México del 4%. Los precios de alimentos básicos y energéticos lideraron la desaceleración, con caídas significativas en productos que habían mostrado presiones inflacionarias durante todo 2025. El dato fue celebrado por las autoridades económicas como una señal de estabilización macroeconómica.
El componente no subyacente, que incluye productos agropecuarios y tarifas reguladas, registró una variación de apenas 1.2%, la más baja en cinco años. Los precios del jitomate, la cebolla y el aguacate cayeron entre 15% y 25% respecto al año anterior gracias a cosechas abundantes. La producción agrícola en Sinaloa y Sonora superó las expectativas, con rendimientos récord en hortalizas de exportación que también beneficiaron al mercado interno.
Analistas de Citibanamex y HSBC coinciden en que la tendencia desinflacionaria podría mantenerse durante el segundo trimestre, lo que abriría la puerta a recortes en la tasa de interés. Sin embargo, advierten que factores externos como el precio del petróleo y la política monetaria de la Reserva Federal podrían alterar este escenario. El precio del barril de crudo Brent ha mostrado volatilidad en las últimas semanas, oscilando entre 75 y 82 dólares.
Para los consumidores mexicanos, la desaceleración inflacionaria se ha traducido en un alivio modesto pero perceptible en el gasto cotidiano. La canasta básica acumula tres meses consecutivos de precios estables, y el poder adquisitivo del salario mínimo ha crecido un 4.2% en términos reales durante el primer bimestre de 2026. Las familias de menores ingresos son las más beneficiadas, ya que destinan una proporción mayor de su gasto a alimentos y transporte.