La cumbre del G20 celebrada en Río de Janeiro concluyó con un acuerdo histórico para crear un fondo multilateral de 100 mil millones de dólares destinado a financiar proyectos de transición energética en países en desarrollo. La negociación, que se extendió durante tres días de intensas discusiones, logró superar las resistencias iniciales de China y Rusia, que se oponían a vincular los compromisos climáticos con metas específicas de reducción de emisiones.
El presidente de Brasil destacó que la desigualdad climática es la mayor amenaza para la estabilidad global y que los países industrializados tienen la obligación de liderar la descarbonización. En su discurso de clausura, presentó datos que muestran que los 20 países más ricos del mundo son responsables del 80% de las emisiones históricas de gases de efecto invernadero, mientras que los países más vulnerables sufren las peores consecuencias del cambio climático.
El fondo se nutrirá de contribuciones de los países miembros del G20, con Estados Unidos, la Unión Europea y Japón comprometiendo el 60% del total. Los recursos se canalizarán a través del Banco Mundial y bancos regionales de desarrollo, con prioridad para proyectos de energía solar y eólica en África subsahariana, el sudeste asiático y Centroamérica. México fue incluido como beneficiario parcial para proyectos de electromovilidad y eficiencia energética industrial.
Organizaciones ambientalistas como Greenpeace y el World Wildlife Fund calificaron el acuerdo como un paso positivo pero insuficiente. Los activistas señalaron que la cifra de 100 mil millones de dólares, aunque significativa, representa apenas una fracción de los 2.4 billones que se necesitan anualmente para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París. La próxima revisión del fondo se realizará en la COP 31, que se celebrará en noviembre en la ciudad de Dubái.